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Una mirada al manejo de problemas y conflictos

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Un gran número de pretendientes se disputan la mano de la princesa. Todos hacen piruetas y miles de artilugios de seducción por ganarse su admiración, desde lluvias de luces y estrellas hasta sorprendentes vuelos y serenatas. Pero nada ni nadie logra siquiera sacar un leve suspiro de su parte. ¡Qué problema! Mientras la consternación y la impotencia se apoderan de estos hombres, que no logran saciar los deseos de la dama, un caballero de gabán negro se le acerca y tras sacar de su bolsillo un par de anteojos, se aproxima a la princesa. Ella los toma en sus manos y los cuadra bien en su rostro con la ayuda del hombre. Asombrada ante lo que observa a su alrededor, sonríe y sin vacilación le ofrece su mano, convirtiéndolo en el elegido. “Si la princesa no se sacia con ninguno, por algo será”. Esta frase fue el motor de su búsqueda, que le llevó a ganar su amor.

Hay que tomarse el tiempo para analizar las situaciones y descubrir dónde está el meollo del asunto. Fue lo que hizo el último de los pretendientes. Los demás sólo ponían el ojo en las actuaciones de sus contrincantes para intentar superarlas. En cambio el último, vio con otros ojos el asunto, enfocó su mirada en el rostro de la princesa y así descubrió las dificultades visuales que tenía. No era por exigente que desvalorara las artes de los demás caballeros, era, simplemente, que no las veía.

Toda esta historia para decir que lo más difícil de tener un problema es abandonar los caminos conocidos para resolverlo. Tan importante es fijarnos en dónde ponemos nuestra atención, como en dónde NO la ponemos, porque casi siempre allí se inicia el camino hacia la solución de los problemas. Fue lo que hizo el hombre de la historia: enfocar el asunto desde otro lado.

Una de las 10 Habilidades para la Vida, que la Organización Mundial de la Salud (OMS) propuso enseñar en la escuela, es la Solución de Problemas y Conflictos. Desde hace unos años, en EDEX, hemos propuesto llamarla Manejo de problemas y conflictos, inspirados en lo que dice Fernando Onetto: “buscar la solución final, como lo ha demostrado trágicamente la historia del siglo XX, siempre es optar por un camino de violencia. No existen soluciones definitivas de un problema, ni de todos los problemas. Así como no existe una curación de todas las enfermedades ni una curación para siempre”. Se refiere concretamente a lo que conocemos como el Holocausto Nazi, que en realidad era un plan que se llamaba “La solución final” que buscaba la supremacía de la raza aria.

Los homicidios son también ejemplos de soluciones “finales” o “definitivas”. No puedo con tu vida, opto por la muerte como solución. Igual sucede con la expulsión del centro escolar de un estudiante “problema”: no lo aguantamos más aquí… que se lo aguanten en otro lugar. Son soluciones que no solucionan, como los remedios que son peores que la enfermedad. Según como se le vea, escribe Dike Ellington, “un problema es, cuando se te presenta, la oportunidad de dar tu máximo esfuerzo”.

Estuvimos conversando sobre el tema con Miguel Costa Cabanillas, psicólogo experto en el tema de las Habilidades para la Vida, y aquí les compartimos un extracto de la entrevista. Esperamos disfruten sus palabras, “sin problema”.

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Empatía y parentela

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¿Cómo ser personas empáticas no sólo en el ámbito laboral y social sino también en el ámbito familiar? Para encontrar respuestas a este asunto se llevó a cabo, el pasado 20 de noviembre de 2012, en el marco de las actividades de la Escuela Iberoamericana de Habilidades para la vida, de la Fundación EDEX, un chat cuyo invitado especial fue Miguel Costa Cabanillas, psicólogo, máster en salud pública, que dirige actualmente el Centro de Hábitos Saludables de Madrid Salud, del Ayuntamiento de Madrid. A continuación, algunos de sus aportes más importantes:

* “Parece que un elemento relativamente compartido es la dificultad que entraña mostrar empatía en el ámbito familiar. Yo diría que puede ser fácil y muy difícil al mismo tiempo. Fácil porque conocemos las experiencias emocionales de cerca y nos permite identificarnos mejor; pero puede ser difícil también porque nos duele que una persona a la que queremos se comporte de una manera diferente a cómo yo creo que debería comportarse. Es aquí donde surge un elemento central para el desarrollo de la empatía: suele haber choque de perspectivas, como trenes que chocan, sobre todo cuando ponemos mucho empeño en convencer”.

* “Cuando alguien nos pide que cambiemos lo hace desde su perspectiva; cuando mi pareja me dice que he de hacer algo, lo hace también desde su perspectiva. Cuando mi madre se asusta porque mi trabajo es peligroso, su reacción inmediata es decirme que cambie y que abandone el trabajo que, por cierto, a mí me gusta. Luego, mi perspectiva se ve amenazada. La petición que hace, la hace desde su perspectiva, tiene miedo a que me pase algo. ¿Cuál es mi reacción? (es mi vida y tú no te tienes que meterte en ella…) También estoy amenazando su perspectiva y de ahí no salimos”…

* “Estamos en un círculo vicioso. Si ella me amenaza, yo la amenazo y si yo la amenazo ella vuelve a lo mismo ¿Cómo salir de este círculo? ¿Quién asume la responsabilidad de cambiar primero? ¿Ser reactivo o proactivo? Yo diría la madre, pero otro diría la hija…Diría más: nadie tiene la obligación de cambiar si uno decide no hacerlo. ¿Hasta qué punto me importa o no tener una buena relación con mi madre? ¿Hasta qué punto es compatible defender mis objetivos y permanecer en el trabajo peligroso respetando la perspectiva de mi madre? ¿Y si quiero reaccionar de otro modo porque me importa pero no puedo porque no sé cómo hacerlo?”

* “¿Habéis observado que cuando uno cambia el otro cambia?.. No quiere decir, en modo alguno, que nos convirtamos en más diplomáticos o educados sino que tengamos más competencia social para influir sin ofender… tampoco de esconder o frenar mis emociones, se trataría de ser asertivos y legitimar la perspectiva de la madre o la mía, sin renunciar a la mía”.

* “Una manera de regular nuestras emociones es expresándolas adecuadamente y actuar de otra manera; las emociones no están contenidas en nosotros, son copartícipes de lo que hacemos, es como el caudal de un río que, dependiendo del paisaje, sus aguas, pueden resultar torrenciales, tranquilas, rápidas,… y es el mismo río que transita por diferentes paisajes. La diferencia con el río es que yo decido cambiar de paisaje y hacer que el ritmo y velocidad de mi caudal sea diferente.”

* “En este sentido, yo diría a esta madre: “mamá, sé que quieres lo mejor para mí y que estás sufriendo mucho porque ves que mi trabajo puede ser peligroso”… a medida que voy argumentando a su favor y legitimando su preocupación se va permeabilizando y acercándose a mi perspectiva…no tengo prisa por plantearle lo que yo quiero, no conviene pasar de puntillas sobre sus preocupaciones y emociones… et., etc., etc. A mí me resulta útil pasar a la acción y argumentar por sistema la perspectiva de la otra persona. Cuando cambiamos, nuestras emociones cambian”.

* “Cuando alguien nos pone una objeción, es un espectáculo de lo más grato de permeabilidad cuando no sólo escuchamos la objeción sino que además argumentamos a favor de ella”.

A docentes o en general a profesionales que acompañan procesos educativos de niñas, niños, jóvenes o demás grupos poblacionales, nos puede suceder lo que al herrero que usa en casa un azadón de palo: la empatía, el pensamiento creativo, el manejo de problemas y conflictos, etc., no son habilidades para ejercitar en un solo ámbito. Son tan necesarias en la calle y en la casa, como en la escuela, en todo momento y lugar. Antes que buscar el fortalecimiento de las habilidades para la vida en nuestros grupos, valdría la pena fortalecerlas en la propia vida. Si te interesa, La Escuela Iberoamericana de Habilidades para la Vida abrirá pronto nuevas inscripciones para el “TransCURSO” que iniciará en febrero de 2013.