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Empatía y parentela

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¿Cómo ser personas empáticas no sólo en el ámbito laboral y social sino también en el ámbito familiar? Para encontrar respuestas a este asunto se llevó a cabo, el pasado 20 de noviembre de 2012, en el marco de las actividades de la Escuela Iberoamericana de Habilidades para la vida, de la Fundación EDEX, un chat cuyo invitado especial fue Miguel Costa Cabanillas, psicólogo, máster en salud pública, que dirige actualmente el Centro de Hábitos Saludables de Madrid Salud, del Ayuntamiento de Madrid. A continuación, algunos de sus aportes más importantes:

* “Parece que un elemento relativamente compartido es la dificultad que entraña mostrar empatía en el ámbito familiar. Yo diría que puede ser fácil y muy difícil al mismo tiempo. Fácil porque conocemos las experiencias emocionales de cerca y nos permite identificarnos mejor; pero puede ser difícil también porque nos duele que una persona a la que queremos se comporte de una manera diferente a cómo yo creo que debería comportarse. Es aquí donde surge un elemento central para el desarrollo de la empatía: suele haber choque de perspectivas, como trenes que chocan, sobre todo cuando ponemos mucho empeño en convencer”.

* “Cuando alguien nos pide que cambiemos lo hace desde su perspectiva; cuando mi pareja me dice que he de hacer algo, lo hace también desde su perspectiva. Cuando mi madre se asusta porque mi trabajo es peligroso, su reacción inmediata es decirme que cambie y que abandone el trabajo que, por cierto, a mí me gusta. Luego, mi perspectiva se ve amenazada. La petición que hace, la hace desde su perspectiva, tiene miedo a que me pase algo. ¿Cuál es mi reacción? (es mi vida y tú no te tienes que meterte en ella…) También estoy amenazando su perspectiva y de ahí no salimos”…

* “Estamos en un círculo vicioso. Si ella me amenaza, yo la amenazo y si yo la amenazo ella vuelve a lo mismo ¿Cómo salir de este círculo? ¿Quién asume la responsabilidad de cambiar primero? ¿Ser reactivo o proactivo? Yo diría la madre, pero otro diría la hija…Diría más: nadie tiene la obligación de cambiar si uno decide no hacerlo. ¿Hasta qué punto me importa o no tener una buena relación con mi madre? ¿Hasta qué punto es compatible defender mis objetivos y permanecer en el trabajo peligroso respetando la perspectiva de mi madre? ¿Y si quiero reaccionar de otro modo porque me importa pero no puedo porque no sé cómo hacerlo?”

* “¿Habéis observado que cuando uno cambia el otro cambia?.. No quiere decir, en modo alguno, que nos convirtamos en más diplomáticos o educados sino que tengamos más competencia social para influir sin ofender… tampoco de esconder o frenar mis emociones, se trataría de ser asertivos y legitimar la perspectiva de la madre o la mía, sin renunciar a la mía”.

* “Una manera de regular nuestras emociones es expresándolas adecuadamente y actuar de otra manera; las emociones no están contenidas en nosotros, son copartícipes de lo que hacemos, es como el caudal de un río que, dependiendo del paisaje, sus aguas, pueden resultar torrenciales, tranquilas, rápidas,… y es el mismo río que transita por diferentes paisajes. La diferencia con el río es que yo decido cambiar de paisaje y hacer que el ritmo y velocidad de mi caudal sea diferente.”

* “En este sentido, yo diría a esta madre: “mamá, sé que quieres lo mejor para mí y que estás sufriendo mucho porque ves que mi trabajo puede ser peligroso”… a medida que voy argumentando a su favor y legitimando su preocupación se va permeabilizando y acercándose a mi perspectiva…no tengo prisa por plantearle lo que yo quiero, no conviene pasar de puntillas sobre sus preocupaciones y emociones… et., etc., etc. A mí me resulta útil pasar a la acción y argumentar por sistema la perspectiva de la otra persona. Cuando cambiamos, nuestras emociones cambian”.

* “Cuando alguien nos pone una objeción, es un espectáculo de lo más grato de permeabilidad cuando no sólo escuchamos la objeción sino que además argumentamos a favor de ella”.

A docentes o en general a profesionales que acompañan procesos educativos de niñas, niños, jóvenes o demás grupos poblacionales, nos puede suceder lo que al herrero que usa en casa un azadón de palo: la empatía, el pensamiento creativo, el manejo de problemas y conflictos, etc., no son habilidades para ejercitar en un solo ámbito. Son tan necesarias en la calle y en la casa, como en la escuela, en todo momento y lugar. Antes que buscar el fortalecimiento de las habilidades para la vida en nuestros grupos, valdría la pena fortalecerlas en la propia vida. Si te interesa, La Escuela Iberoamericana de Habilidades para la Vida abrirá pronto nuevas inscripciones para el “TransCURSO” que iniciará en febrero de 2013.

¿Para qué sirve la escuela?

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Después de ver la película “Front of the class” o “Frente A la Clase”, de Peter Werner, esta pregunta se convierte en un reto para todas las maestras y maestros del mundo. ¿Qué tan cerca estamos de tener una escuela que sirva, por encima de todo, para comprender a las demás personas?

Esta es la historia de un niño acostumbrado a recibir castigos y regaños a causa de los ruidos “molestos” e inoportunos que producía y que distraían y mataban de la risa (o de la rabia) al resto de la clase. Es la historia, llevada al cine, de la vida de Brad Cohen, a quien el síndrome de Tourette le ha jugado serias pasadas. La más importante: querer ser maestro, un maestro que se prepara muy bien para recibir cada día a sus estudiantes, que lleva juguetes, que abre sus orejas, que se ríe de si mismo, que lleva invitados a sus clases, que se emociona y hace emocionar a sus estudiantes.

Vale la pena ver completa esta peli. Por ahora un abrebocas que muestra el momento que sirvió para motivarle a escoger su profesión. A propósito, una pregunta más: ¿Recuerda lo que le motivó a ser docente?