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Historias, salud y juego

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ABRAPALABRA es el festival internacional de la palabra que se realiza en Bucaramanga, Colombia, hace 19 años. Con octubre llega siempre un extraordinario grupo de personas de todo el mundo expertas en el arte de la narración oral. Esta semana tuvimos el placer de escuchar una presentación sencillamente fantástica, llena de juegos de palabras que se entrelazaban con juegos de malabares inspirados en los personajes del circo volatín. Entre dromedarios y camellos o al contrario, entre camellos y dromedarios, las “Historias de la Lengua Floja” nos encantaron. Salían de la boca y de las manos del aragonés Fernando Felipe, integrante de la compañía PAI (Promotora de Acción Infantil), quien visitaba Bucaramanga por segunda vez, tras participar hace 12 años en ABRAPALABRA 2001.

Además de reír sin parar, de atender sin pestañear, de practicar italiano y de tratar de desenredar la mente y la lengua con tantas retahílas enredadas y recortadas, como la de la madre notable sipilitrable, comprobamos lo que siempre hemos sospechado cuando de escuchar historias se trata: nadie puede resistirse a ellas porque son capaces de devolvernos la gracia que por momentos creemos perdida.

En el ámbito de la salud y de la educación son bienvenidas las historias, los circos imaginarios y, sobre todo, los juegos, sean mentales, de palabras, de malabares, de pelota, de mesa, de lo que sea. Jugar es una forma de ser, de querer, de descansar, de aprender y de vivir. Si queremos ser gente feliz, no nos queda más remedio que entrelazar cada vez más lo que hacemos con las manos y la mente para que sea como un juego, placentero, enriquecedor.

Estar cerca de la vida de niñas y niños es un privilegio porque son quienes nos pueden enseñar a con-jugar este verbo en todos los tiempos posibles. La noche del 2 de octubre, después de disfrutar del espectáculo de Oswaldo Pai, fuimos tras las historias de su infancia para descubrir cómo ha sido posible que, aun siendo adulto, siga manteniendo este don del juego. ¿Oswaldo? ¿Y acaso no se llamaba Fernando? Mejor escuchemos esta corta entrevista que le hicimos y salimos de la duda. Abrazos a la gente amiga de Aragón, donde saben jugar a sanar con malabares, cine, títeres, cuentos para conversar y demás encantos.

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¿Todo tiempo pasado fue mejor?

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Si para responder a esta pregunta nos enfocamos en la vida de niñas y niños, podríamos decir que no, que no todo tiempo pasado fue mejor. Veamos algunas razones para afirmarlo:

En 1875 Mary Ellen Wilson era una niña neoyorkina de nueve años. Su cuerpo tenía graves muestras del maltrato físico que le daba su familia. Una trabajadora de caridad se alarmó al verla y fue ante los tribunales buscando su protección. Sin embargo, para la fecha no existía un marco legal para su defensa. Fueron los abogados de una sociedad protectora de animales quienes se hicieron cargo del caso, argumentando que su defendida también hacía parte del reino animal. Los tribunales terminaron por quitar a sus padres la patria potestad de la niña. Como resultado de esta experiencia, nace la primera sociedad contra el maltrato infantil.

En 1920 una nueva situación dramática vuelve a llamar la atención sobre los derechos de la niñez. Concluida la gran guerra aparece en toda Europa una fuerte sensibilidad frente a la niñez golpeada por el conflicto. De allí nacen las primeras sociedades de defensa de los derechos de la niñez. Son sociedades privadas que ofrecen asistencia a la niñez afectada por la guerra y que hacen esfuerzos por repatriarla.

Estas sociedades generan en 1924 la declaración de Ginebra en la cual expresan algunos principios a favor de la niñez. En 1959 la ONU adopta estos principios como la primera declaración universal de los derechos de la infancia.  Esta es la primera vez en que la defensa de niñas y niños no es una iniciativa privada sino pública, que le compete a los Estados y no a las organizaciones privadas de caridad y atención.

1979 es señalado por la ONU como el año mundial por la infancia. La firma de una convención sobre los derechos de la niñez era la expectativa. Pero hacerlo necesitó diez años. Sólo en 1989, el 12 de Noviembre, se firma la convención.

Desde 1875 hasta 1989. Algo más de 100 años se necesitaron para sacar de la invisibilidad legal a la  niñez y convertirla en un tratado internacional que los Estados estaban dispuestos a respetar y promover.

Hoy se tienen las leyes y se tienen varias prácticas sociales que las legitiman. Ha habido un gran progreso porque hoy deben primar los derechos de la infancia por sobre los de otras personas. Sin embargo, aún se siguen vulnerando los derechos de niñas y niños.

Ahora, si nos salimos de la perspectiva de la infancia y atendemos otras como la de género, la de etnias y la ambiental, también podríamos decir que no, que no todo tiempo pasado fue mejor, como lo escribe Julio Cesar Londoño: “ahora los negros tienen alma, los indios reservas, las minorías representación, las mujeres oportunidades y los niños derechos. Todavía hay abusos, claro, pero al menos ahora son mal vistos. Antes, los derechos humanos eran un chiste. Hoy se consideran incluso los derechos de la naturaleza”.*