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La comida con otros ojos

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Muchas personas adultas, sobre todo madres, padres y docentes, nos pre-ocupamos a diario por lo que niñas y niños VEN en la televisión y en Internet. Sin embargo, podríamos ver este asunto con otros ojos y ocuparnos de lo que NO ven, o mejor, de lo que no VEMOS en estos y otros medios de comunicación. Por ejemplo, ¿qué no podemos apreciar, a simple vista, cuando nos antojamos de comprar una bebida, una golosina o una hamburguesa de esas que vemos a medias en los medios? En esta corta historia de Pantallas Amigas, protagonizada por Javier y los demás personajes de La Aventura de la Vida, podemos empezar a responder esta pregunta:
La información que viene en las etiquetas de los productos alimenticios que anuncia la publicidad, no se ve. Tampoco se ve el impacto ambiental que ocasionamos al tirar la cantidad de empaques que traen (la bolsa, el cartón, el plástico, la impresión a color de las letras, etc.). Muchas niñas y niños -y sus padres, claro- optan hoy por una hamburguesa porque viene con el muñeco o el juego de moda, sin importar ni la calidad del pan ni de la carne. Tampoco se ve lo que ahorraríamos, no sólo en dinero sino en bienestar, si optáramos por alimentos frescos, naturales, preparados en casa. No alcanzamos a ver las ventajas y placeres de cocinar juntos, en equipo. La cocina puede ser un lugar peligroso para niñas y niños (quemaduras, cortaduras,etc.) si no se toman las medidas de seguridad necesarias. Pero también puede ser un espacio precioso para un aprendizaje multi-sensorial y divertido sobre temas tan urgentes como la equidad, la participación, la convivencia y la salud (sin discursos). Como lo dice Jean-Marie Bourre en su libro Inteligencia y Placer: “Es difícil saber si la necesidad de alimentarse o la de comunicarse ha sido la que motiva la decisión del grupo de organizar una comida”.

Personas expertas en el tema, como Jamie Oliver son claras en mostrar que al decidirnos por un producto procesado industrialmente y empaquetado estamos optando por ofrecer a nuestras niñas y niños una alimentación con enormes cantidades de azúcares. O como Michael Pollan, quien ha puesto a disposición de la cultura estadounidense y del resto del mundo, “64 consejos para saber comer” y y muchos otros textos sobre el tema. Precisamente, uno de estos consejos o reglas básicas dice: “Evita alimentos que veas anunciados en la televisión”. Llama la atención no sólo éste sino varios de ellos, fáciles de seguir, y que nos ayudan sobre todo a no “tragar entero” todo lo que nos “parezca” apetitoso y saludable.

Aquí mis 10 preferidos:

- “Come comida (alimentos no procesados ni precocinados, se entiende)”.
- “No comas nada que tu bisabuela sería incapaz de reconocer como alimento”
- “Evita productos que contengan ingredientes que un estudiante de primaria no puede pronunciar”.
- “Evita productos con palabras como “lite” (“light”, “ligero”), “bajo en grasas” o “sin grasas” en sus enunciados”.
- “No acudas al supermercado cuando haya mejores alternativas”.
- “Come sólo alimentos que se pudren al cabo de unos días”.
- “Compra tu comida para “picar” en el mercado (sustituir “golosinas” procesadas por frutos secos y frutas”.
- “Si procede de una planta, cómelo; si ha sido procesado en una planta, no lo comas”.
- “Comer lo que se sostiene sobre una pata [setas y vegetales] es mejor que comer lo que se sostiene sobre dos patas [aves], que a su vez es mejor que comer lo que se sostiene sobre cuatro patas [ganado bovino, porcino y otros mamíferos de granja]”. Proverbio chino recuperado por Michael Pollan.
“Cómete los colores (un plato equilibrado incluirá varios colores)”
“Cuanto más blanco sea el pan, más cerca de la muerte estarás. Máxima en la que insisten las abuelas de origen italiano y judío en Estados Unidos”.

Sería mejor dejar de pre-ocuparnos tanto de este tema y ocuparnos de ver con otros ojos las cosas, en este caso, la comida. Ampliaremos nuestro campo de visión. Así, no sólo promoveremos una alimentación saludable sino también habilidades claves para la vida como el pensamiento crítico, la toma de decisiones y el pensamiento creativo, entre otras. ¿Qué tal vernos con los ojos de los animales o de las plantas?

El niño de la bicicleta

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Poster de la película francesa "El niño de la bicicleta" de los hermanos Dardenne.

Una vez más el cine nos da la oportunidad de fortalecer nuestra capacidad para ponernos en el lugar de las otras personas, de comprender sus mundos y experimentar sus emociones. Toda una lección de empatía es “El niño de la bicicleta”, un film belga del que hoy queremos conversar. En muchas historias es el padre o la madre quien busca desesperadamente a su hijo perdido. Esta vez es lo contrario: el hijo buscando ansioso a su padre porque ya ha pasado más del mes que le prometió y no ha vuelto a recogerle en el hogar de paso. Una de las escenas más conmovedoras de la película es cuando Cyril, este niño de 11 años, encuentra a su padre gracias a la ayuda de Samantha, una mujer, de profesión peluquera, que lo acoge en su casa los fines de semana.

Imagen de previsualización de YouTube

Sucede que el padre le informa al hijo que no quiere verlo de nuevo, que no lo busque más, que se olvide de él. ¿Puede un padre rehacer su vida sin su hijo? ¿Puede un hijo rehacer su vida sin su padre? ¿Qué implica olvidarse el uno del otro? Son tres preguntas que vale la pena hacerse, mejor aún luego de ver esta película. Anticipándonos al momento en que puedan disfrutarla, hay tres aspectos claves en la crianza de niñas y niños, que quisiéramos destacar de esta cinta:

El primero: Para todas las niñas y niños que no cuentan con una madre o un padre, es clave que aparezca en sus vidas una persona adulta significativa que les ayude a reconciliarse con la vida. Es el caso de Samantha, la mujer con la cual Cyril decide quedarse, una vez entiende que no cuenta con su padre. Ella establece una relación clara, afectuosa y respetuosa con el chico, haciendo gala de una profunda vocación humana. Cyril lo percibe así y la convierte en el soporte de su nueva vida, construyendo amor y confianza con ella.

El segundo: la naturaleza de Cyril, un niño con una fortaleza interna que le permite sobreponerse a las duras circunstancias, ejemplo de resiliencia. Y si a esa naturaleza del niño se le suma el apoyo de una persona adulta significativa, su capacidad resiliente aumenta.

Y el tercer elemento: el rol de una sociedad en donde los derechos de las niñas y niños son prioridad. En la película se muestra una forma sencilla, serena y efectiva de conciliar en medio de un conflicto en el que una de las partes es un menor de edad, al cual se le entiende como sujeto de derechos y de deberes.
Creemos que Luc y Jean Pierre Dardenne, los dos hermanos que dirigen esta película, merecen nuestra más sincera felicitación por esta obra llena de emociones (y lecciones).

¿Todo tiempo pasado fue mejor?

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Si para responder a esta pregunta nos enfocamos en la vida de niñas y niños, podríamos decir que no, que no todo tiempo pasado fue mejor. Veamos algunas razones para afirmarlo:

En 1875 Mary Ellen Wilson era una niña neoyorkina de nueve años. Su cuerpo tenía graves muestras del maltrato físico que le daba su familia. Una trabajadora de caridad se alarmó al verla y fue ante los tribunales buscando su protección. Sin embargo, para la fecha no existía un marco legal para su defensa. Fueron los abogados de una sociedad protectora de animales quienes se hicieron cargo del caso, argumentando que su defendida también hacía parte del reino animal. Los tribunales terminaron por quitar a sus padres la patria potestad de la niña. Como resultado de esta experiencia, nace la primera sociedad contra el maltrato infantil.

En 1920 una nueva situación dramática vuelve a llamar la atención sobre los derechos de la niñez. Concluida la gran guerra aparece en toda Europa una fuerte sensibilidad frente a la niñez golpeada por el conflicto. De allí nacen las primeras sociedades de defensa de los derechos de la niñez. Son sociedades privadas que ofrecen asistencia a la niñez afectada por la guerra y que hacen esfuerzos por repatriarla.

Estas sociedades generan en 1924 la declaración de Ginebra en la cual expresan algunos principios a favor de la niñez. En 1959 la ONU adopta estos principios como la primera declaración universal de los derechos de la infancia.  Esta es la primera vez en que la defensa de niñas y niños no es una iniciativa privada sino pública, que le compete a los Estados y no a las organizaciones privadas de caridad y atención.

1979 es señalado por la ONU como el año mundial por la infancia. La firma de una convención sobre los derechos de la niñez era la expectativa. Pero hacerlo necesitó diez años. Sólo en 1989, el 12 de Noviembre, se firma la convención.

Desde 1875 hasta 1989. Algo más de 100 años se necesitaron para sacar de la invisibilidad legal a la  niñez y convertirla en un tratado internacional que los Estados estaban dispuestos a respetar y promover.

Hoy se tienen las leyes y se tienen varias prácticas sociales que las legitiman. Ha habido un gran progreso porque hoy deben primar los derechos de la infancia por sobre los de otras personas. Sin embargo, aún se siguen vulnerando los derechos de niñas y niños.

Ahora, si nos salimos de la perspectiva de la infancia y atendemos otras como la de género, la de etnias y la ambiental, también podríamos decir que no, que no todo tiempo pasado fue mejor, como lo escribe Julio Cesar Londoño: “ahora los negros tienen alma, los indios reservas, las minorías representación, las mujeres oportunidades y los niños derechos. Todavía hay abusos, claro, pero al menos ahora son mal vistos. Antes, los derechos humanos eran un chiste. Hoy se consideran incluso los derechos de la naturaleza”.*