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Fiesta de La Aventura de la Vida en Teruel

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El Ayuntamiento de Teruel a través del Centro de Prevención Comunitaria y la Escuela Taller de Dinamización de Espacios de Ocio y Tiempo Libre, con la colaboración del Departamento de Salud y Consumo del Gobierno de Aragón, Edex y el Plan Nacional Sobre Drogas, han organizado una actividad denominada la FIESTA DE LA AVENTURA DE LA VIDA, que se está desarrollando en la mayoría de los centros escolares de esta ciudad durante el mes de junio donde alrededor de 1300 niños y niñas están participando en dicha actividad.

La clausura de la actividad tendrá lugar el viernes 20 de junio a las 10 horas en el Colegio La Salle. Consistirá en la representación teatral de una historia de los personajes caracterizados de “La Aventura de la Vida” a través del alumnado de la Escuela Taller de Dinamización de Espacios de Ocio y Tiempo Libre, reforzando los contenidos trabajados durante el curso escolar a través del mencionado programa.

En la segunda parte se ofrecerá a los niños asistentes un recorrido en el patio del colegio con diferentes actividades de ocio relacionadas con las temáticas trabajadas en el programa.

Si desea participar, confirme su asistencia en los teléfonos 978 619925 /650679058 ó a través del correo electrónico: centroprevencion@teruel.net.

El programa “La Aventura de la Vida” sirve de apoyo al profesorado en la capacitación del alumnado, para la adquisición de hábitos saludables, el entrenamiento en habilidades para la vida y convivencia (autoestima, resolución de conflictos, toma de decisiones, asertividad) que le ayuden a mejorar su salud, competencia social y a manejar adecuadamente situaciones de riesgo para su salud.

La conversación en la escuela

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Una leyenda sufí cuenta que un día, ante la sequía de la aldea, decidieron pedir la ayuda de niñas y niños. Confiaban en que si lo deseaban intensamente, harían llover. Un hombre que allí estaba, intervino diciendo: “no lo lograrán. Si eso fuese verdad, los maestros de la escuela no existirían.

Para nadie es un secreto que lo que más desean, con intensidad, algunas niñas y niños, es no ir a la escuela. ¿Acaso lo han logrado?”. Dicho esto, descartaron la propuesta y pasaron horas y horas buscando otras alternativas.

¿Qué hace de algunas escuelas un espacio poco grato? La brevedad del recreo, puede ser una de las respuestas. El tiempo para disfrutar, jugar y conversar con las amistades es muy corto. En cambio, el tiempo de quietud y silencio para escuchar y copiar la palabra de sus docentes, es bastante largo. Algo similar sucede con la vida laboral de la gente adulta. De lunes a viernes, para muchas personas, es una eternidad y desean con ansias a que suene el timbre, como en la escuela, que anuncia el fin de semana o las vacaciones. Aprender y trabajar son para ellas, algo que toca, o que no gusta ni satisface ni fluye.

Esta es una situación sobre la cual muchas personas están de acuerdo. Consideran necesario transformar estos ambientes. Lo que no se sabe muy bien es cómo hacerlo. ¿Qué hay que hacer y cómo se hace esta transformación?

Programas como “La Aventura de la Vida”, que ponen su énfasis en la conversación y no en la instrucción, hacen un aporte en este sentido. Por eso, lo primero que atiende es la formación docente que se concentra en entregar herramientas para que no sea la única voz cantante en el aula, para que recuerde que no en vano tiene dos orejas y una sola boca, para escuchar el doble todo lo que sus estudiantes tienen por decir. Sin embargo, no es fácil cambiar de la noche a la mañana. Somos hijas e hijos de una educación “indiscutible”, más cercana a la obediencia que a la inteligencia, amiga del buen y del mal alumno, que señala y castiga con una nota el error y la equivocación, que bien podrían ser oportunidades para aprender.

El 8, 9 y 10 de noviembre de 2012, se llevará a cabo en San Gil, Colombia, el Segundo Encuentro de Transformaciones e Investigaciones en Pedagogía del Lenguaje (TIPLE). Estará dedicado a la conversación en la escuela. Este evento es organizado por la Fundación Universitaria de San Gil – UNISANGIL, la misma entidad encargada de la formación del grupo de docentes de las cinco instituciones educativas que en este momento desarrollan el Programa “La Aventura de la Vida” con cerca de 3 mil niñas y niños de la región.

Sandra Milena Neira, una de las profesionales de UNISANGIL que viene acompañando a este grupo de docentes, dentro y fuera del aula, nos habla de La Aventura de la Vida y sobre el reto de conversar en la escuela.

“Eso lo vivo yo, profe”

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Después de escuchar, ver o leer un cuento, una persona puede hacer alguna o todas estas tres cosas:

- Reflexionar sobre la historia
- Contársela a alguien
- Relacionarla con algo que ha vivido

Esta última acción es la que más destacan las maestras y maestros del Programa “La Aventura de la Vida”. Cuando trabajan alguna de las historias, las niñas y los niños dicen: “eso lo vivo yo, profe”. Así se abre un espacio para conversar en donde el profesorado descubre que en sus clases no sólo sus voces son las que lo dicen y lo saben todo. Reconocen que la llamada educación integral es posible, que en la vida de sus estudiantes no sólo hay espacio para las matemáticas, las ciencias, la historia y la geografía sino también para las emociones, los sentimientos, sus dificultades y alegrías. De igual forma, el alumnado descubre que aprender no es sinónimo de aburrimiento y que la clase fluye, con encanto.

Estuvimos en Bogotá, capital de Colombia, con Azucena Velandia Gaitán, docente del Colegio “República de China”, ubicado en la localidad de Engativá. Ella nos cuenta brevemente sobre esto, haciendo referencia a “Mejor Acompañado”, una de las historias que hace parte del Programa “La Aventura de la Vida”. Si tú quieres contarnos tu experiencia, como docente o como estudiante, con este Programa, adelante.

El niño de la bicicleta

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Poster de la película francesa "El niño de la bicicleta" de los hermanos Dardenne.

Una vez más el cine nos da la oportunidad de fortalecer nuestra capacidad para ponernos en el lugar de las otras personas, de comprender sus mundos y experimentar sus emociones. Toda una lección de empatía es “El niño de la bicicleta”, un film belga del que hoy queremos conversar. En muchas historias es el padre o la madre quien busca desesperadamente a su hijo perdido. Esta vez es lo contrario: el hijo buscando ansioso a su padre porque ya ha pasado más del mes que le prometió y no ha vuelto a recogerle en el hogar de paso. Una de las escenas más conmovedoras de la película es cuando Cyril, este niño de 11 años, encuentra a su padre gracias a la ayuda de Samantha, una mujer, de profesión peluquera, que lo acoge en su casa los fines de semana.

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Sucede que el padre le informa al hijo que no quiere verlo de nuevo, que no lo busque más, que se olvide de él. ¿Puede un padre rehacer su vida sin su hijo? ¿Puede un hijo rehacer su vida sin su padre? ¿Qué implica olvidarse el uno del otro? Son tres preguntas que vale la pena hacerse, mejor aún luego de ver esta película. Anticipándonos al momento en que puedan disfrutarla, hay tres aspectos claves en la crianza de niñas y niños, que quisiéramos destacar de esta cinta:

El primero: Para todas las niñas y niños que no cuentan con una madre o un padre, es clave que aparezca en sus vidas una persona adulta significativa que les ayude a reconciliarse con la vida. Es el caso de Samantha, la mujer con la cual Cyril decide quedarse, una vez entiende que no cuenta con su padre. Ella establece una relación clara, afectuosa y respetuosa con el chico, haciendo gala de una profunda vocación humana. Cyril lo percibe así y la convierte en el soporte de su nueva vida, construyendo amor y confianza con ella.

El segundo: la naturaleza de Cyril, un niño con una fortaleza interna que le permite sobreponerse a las duras circunstancias, ejemplo de resiliencia. Y si a esa naturaleza del niño se le suma el apoyo de una persona adulta significativa, su capacidad resiliente aumenta.

Y el tercer elemento: el rol de una sociedad en donde los derechos de las niñas y niños son prioridad. En la película se muestra una forma sencilla, serena y efectiva de conciliar en medio de un conflicto en el que una de las partes es un menor de edad, al cual se le entiende como sujeto de derechos y de deberes.
Creemos que Luc y Jean Pierre Dardenne, los dos hermanos que dirigen esta película, merecen nuestra más sincera felicitación por esta obra llena de emociones (y lecciones).

¿Todo tiempo pasado fue mejor?

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Si para responder a esta pregunta nos enfocamos en la vida de niñas y niños, podríamos decir que no, que no todo tiempo pasado fue mejor. Veamos algunas razones para afirmarlo:

En 1875 Mary Ellen Wilson era una niña neoyorkina de nueve años. Su cuerpo tenía graves muestras del maltrato físico que le daba su familia. Una trabajadora de caridad se alarmó al verla y fue ante los tribunales buscando su protección. Sin embargo, para la fecha no existía un marco legal para su defensa. Fueron los abogados de una sociedad protectora de animales quienes se hicieron cargo del caso, argumentando que su defendida también hacía parte del reino animal. Los tribunales terminaron por quitar a sus padres la patria potestad de la niña. Como resultado de esta experiencia, nace la primera sociedad contra el maltrato infantil.

En 1920 una nueva situación dramática vuelve a llamar la atención sobre los derechos de la niñez. Concluida la gran guerra aparece en toda Europa una fuerte sensibilidad frente a la niñez golpeada por el conflicto. De allí nacen las primeras sociedades de defensa de los derechos de la niñez. Son sociedades privadas que ofrecen asistencia a la niñez afectada por la guerra y que hacen esfuerzos por repatriarla.

Estas sociedades generan en 1924 la declaración de Ginebra en la cual expresan algunos principios a favor de la niñez. En 1959 la ONU adopta estos principios como la primera declaración universal de los derechos de la infancia.  Esta es la primera vez en que la defensa de niñas y niños no es una iniciativa privada sino pública, que le compete a los Estados y no a las organizaciones privadas de caridad y atención.

1979 es señalado por la ONU como el año mundial por la infancia. La firma de una convención sobre los derechos de la niñez era la expectativa. Pero hacerlo necesitó diez años. Sólo en 1989, el 12 de Noviembre, se firma la convención.

Desde 1875 hasta 1989. Algo más de 100 años se necesitaron para sacar de la invisibilidad legal a la  niñez y convertirla en un tratado internacional que los Estados estaban dispuestos a respetar y promover.

Hoy se tienen las leyes y se tienen varias prácticas sociales que las legitiman. Ha habido un gran progreso porque hoy deben primar los derechos de la infancia por sobre los de otras personas. Sin embargo, aún se siguen vulnerando los derechos de niñas y niños.

Ahora, si nos salimos de la perspectiva de la infancia y atendemos otras como la de género, la de etnias y la ambiental, también podríamos decir que no, que no todo tiempo pasado fue mejor, como lo escribe Julio Cesar Londoño: “ahora los negros tienen alma, los indios reservas, las minorías representación, las mujeres oportunidades y los niños derechos. Todavía hay abusos, claro, pero al menos ahora son mal vistos. Antes, los derechos humanos eran un chiste. Hoy se consideran incluso los derechos de la naturaleza”.*