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El niño de la bicicleta

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Poster de la película francesa "El niño de la bicicleta" de los hermanos Dardenne.

Una vez más el cine nos da la oportunidad de fortalecer nuestra capacidad para ponernos en el lugar de las otras personas, de comprender sus mundos y experimentar sus emociones. Toda una lección de empatía es “El niño de la bicicleta”, un film belga del que hoy queremos conversar. En muchas historias es el padre o la madre quien busca desesperadamente a su hijo perdido. Esta vez es lo contrario: el hijo buscando ansioso a su padre porque ya ha pasado más del mes que le prometió y no ha vuelto a recogerle en el hogar de paso. Una de las escenas más conmovedoras de la película es cuando Cyril, este niño de 11 años, encuentra a su padre gracias a la ayuda de Samantha, una mujer, de profesión peluquera, que lo acoge en su casa los fines de semana.

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Sucede que el padre le informa al hijo que no quiere verlo de nuevo, que no lo busque más, que se olvide de él. ¿Puede un padre rehacer su vida sin su hijo? ¿Puede un hijo rehacer su vida sin su padre? ¿Qué implica olvidarse el uno del otro? Son tres preguntas que vale la pena hacerse, mejor aún luego de ver esta película. Anticipándonos al momento en que puedan disfrutarla, hay tres aspectos claves en la crianza de niñas y niños, que quisiéramos destacar de esta cinta:

El primero: Para todas las niñas y niños que no cuentan con una madre o un padre, es clave que aparezca en sus vidas una persona adulta significativa que les ayude a reconciliarse con la vida. Es el caso de Samantha, la mujer con la cual Cyril decide quedarse, una vez entiende que no cuenta con su padre. Ella establece una relación clara, afectuosa y respetuosa con el chico, haciendo gala de una profunda vocación humana. Cyril lo percibe así y la convierte en el soporte de su nueva vida, construyendo amor y confianza con ella.

El segundo: la naturaleza de Cyril, un niño con una fortaleza interna que le permite sobreponerse a las duras circunstancias, ejemplo de resiliencia. Y si a esa naturaleza del niño se le suma el apoyo de una persona adulta significativa, su capacidad resiliente aumenta.

Y el tercer elemento: el rol de una sociedad en donde los derechos de las niñas y niños son prioridad. En la película se muestra una forma sencilla, serena y efectiva de conciliar en medio de un conflicto en el que una de las partes es un menor de edad, al cual se le entiende como sujeto de derechos y de deberes.
Creemos que Luc y Jean Pierre Dardenne, los dos hermanos que dirigen esta película, merecen nuestra más sincera felicitación por esta obra llena de emociones (y lecciones).

¿Todo tiempo pasado fue mejor?

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Si para responder a esta pregunta nos enfocamos en la vida de niñas y niños, podríamos decir que no, que no todo tiempo pasado fue mejor. Veamos algunas razones para afirmarlo:

En 1875 Mary Ellen Wilson era una niña neoyorkina de nueve años. Su cuerpo tenía graves muestras del maltrato físico que le daba su familia. Una trabajadora de caridad se alarmó al verla y fue ante los tribunales buscando su protección. Sin embargo, para la fecha no existía un marco legal para su defensa. Fueron los abogados de una sociedad protectora de animales quienes se hicieron cargo del caso, argumentando que su defendida también hacía parte del reino animal. Los tribunales terminaron por quitar a sus padres la patria potestad de la niña. Como resultado de esta experiencia, nace la primera sociedad contra el maltrato infantil.

En 1920 una nueva situación dramática vuelve a llamar la atención sobre los derechos de la niñez. Concluida la gran guerra aparece en toda Europa una fuerte sensibilidad frente a la niñez golpeada por el conflicto. De allí nacen las primeras sociedades de defensa de los derechos de la niñez. Son sociedades privadas que ofrecen asistencia a la niñez afectada por la guerra y que hacen esfuerzos por repatriarla.

Estas sociedades generan en 1924 la declaración de Ginebra en la cual expresan algunos principios a favor de la niñez. En 1959 la ONU adopta estos principios como la primera declaración universal de los derechos de la infancia.  Esta es la primera vez en que la defensa de niñas y niños no es una iniciativa privada sino pública, que le compete a los Estados y no a las organizaciones privadas de caridad y atención.

1979 es señalado por la ONU como el año mundial por la infancia. La firma de una convención sobre los derechos de la niñez era la expectativa. Pero hacerlo necesitó diez años. Sólo en 1989, el 12 de Noviembre, se firma la convención.

Desde 1875 hasta 1989. Algo más de 100 años se necesitaron para sacar de la invisibilidad legal a la  niñez y convertirla en un tratado internacional que los Estados estaban dispuestos a respetar y promover.

Hoy se tienen las leyes y se tienen varias prácticas sociales que las legitiman. Ha habido un gran progreso porque hoy deben primar los derechos de la infancia por sobre los de otras personas. Sin embargo, aún se siguen vulnerando los derechos de niñas y niños.

Ahora, si nos salimos de la perspectiva de la infancia y atendemos otras como la de género, la de etnias y la ambiental, también podríamos decir que no, que no todo tiempo pasado fue mejor, como lo escribe Julio Cesar Londoño: “ahora los negros tienen alma, los indios reservas, las minorías representación, las mujeres oportunidades y los niños derechos. Todavía hay abusos, claro, pero al menos ahora son mal vistos. Antes, los derechos humanos eran un chiste. Hoy se consideran incluso los derechos de la naturaleza”.*